Correístas y nebotistas, como perro en misa

No lo pueden negar: están desconcertados. El correísmo y el nebotismo, tan duchos en operaciones políticas de todo tipo -sobre todo las de alcantarilla- no pueden creer lo que les está pasando: no han podido asaltar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, Cpccs, encargado de designar a las autoridades de control. No lo logran aún, a pesar de que, en este gobierno, lo vienen intentando desde junio de 2021.

Lo tenían previsto para esta semana que se cierra, para ellos, como actores de un papelón. Les tocó incluso recurrir a la Justicia para que dirima el entuerto creado con los cuatro consejeros del Cpccs que sus bancadas y sus aliados enjuiciaron y destituyeron este 18 de noviembre. En esta movida se muerden la cola. ¿Acaso Virgilio Saquicela, presidente de la Asamblea, y sus patrocinadores, en particular Esteban Torres, no habían rechazado “la injerencia de la Justicia” en el caso de Guadalupe Llori? ¿Y no volvieron a denunciarla, ante la prensa y en sus cuentas sociales, este jueves en el caso del Cpccs?

El operativo estaba programado: les bastaba hacer el juicio político a los consejeros del Cpccs, represado desde meses atrás. Al fin habían logrado agendarlo en orden del día tras haber retirado otros juicios políticos que, con ahínco, habían solicitado contra las autoridades de organismos de control.

Incluso encontraron un mecanismo para superar el escollo que suponía hacer juicio político a cuatro y no a los siete consejeros del Cpccs como propuso, finalmente, la Comisión de Fiscalización. Les bastó con desconocer ese informe. Darlo por inexistente. Y enjuiciar y destituir a Hernán Ulloa, Ibeth Estupiñán, María Fernanda Rivadeneira y Francisco Bravo a la maldita sea. No solo sin informe sino sin quórum en el pleno, como lo hicieron constatar un par de veces asambleístas oficialistas.

El mensaje producido por esa aplanadora fue lacónico: en la Asamblea mandan los votos y no la ley; los votos y no los procedimientos. Y ellos tienen los votos. 85 votos. 15 más de los necesarios. Así se aprestaron a poner la cereza del pastel: citaron a los cuatro suplentes de los consejeros censurados y destituidos. La única urgencia era posesionarlos y poner a uno de su lado. Así sumarían cuatro y harían  mayoría con Sofía Almeida, Juan Javier Dávalos y David Rosero. Lo demás corría por su cuenta para poner Contralor antes de la consulta popular en febrero entrante.

Ni siquiera la medida cautelar que suspende los efectos de la censura y destitución dictada, en modo-Macondo, por un juez de La Concordia, les perturbó. Saquicela y 7 asambleístas sentados a su alrededor dijeron, en esa solemnidad patoja que administran, que les valía tres atados. Que la Asamblea no aceptaría injerencia de los jueces en sus decisiones. Les restaba, entonces, posesionar a los suplentes de los destituidos. Los citaron para este jueves a las 16:20. Pero Karina Ponce, Carlos Figueroa, Mónica Mendoza y Jaime Chugchilán no asistieron… Ponce espera el desenlace judicial. Figueroa no tenía tiempo. De Mendoza no se supo. Chugchilán dijo que lo borrarán de la lista: lo busca la policía por estafa.

Esta anomalía -que Virgilio Saquicela prefirió ignorar yéndose a su provincia- no estaba en el libreto. Nunca está. De costumbre los suplentes ya están haciendo fila antes de que los llamen a principalizarse. En este caso, correístas, nebotistas y demás aliados no pudieron ocultar su estupefacción. Hay que ver el rostro de Marcela Holguín, al mandar a constatar la ausencia de los que iban a ser posesionados. Esas bancadas son incapaces de evaluar el nivel de repudio que han creado en franjas críticas del sistema, pero que escapan a sus circuitos de influencia y corrupción y/o fueron perseguidas por el correato.

Los suplentes rehusaron -por la razón que sea- encajar en ese engranaje. De paso, crearon un freno político con el que esa mayoría de 85 votos no contaba. Por eso no le quedó otra salida que ponerse en manos de la Justicia, pensando de esa forma igualar el partido: encontrar jueces complacientes o vinculados a sus partidos que contrarresten las decisiones que tomen otros jueces y que favorezcan a la minoría en la Asamblea. Minoría que aúpa y defiende el Gobierno.

El bloqueo político se traslada así a las cortes, agravando el escenario de anomia institucional que padece el país. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Asamblea Nacional