Los piratas de los Andes en acción

Cynthia Viteri es lo más parecido a un pacman dedicado a engullir dinero público. A sus programas de aromaterapias y contratos para el trol correísta que ahora es su marido, ahora suma, en plena campaña, la promesa de regalar 300 mil cilindros de gas. Y pasajes gratuitos en la metrovía para estudiantes, personas de la tercera edad y “personas con movidad reducida”. Todo eso, naturalmente, si es reelegida. Entretanto, repartirá pollos y kits entre los pobres “porque tienen derecho a sentarse en una mesa con sus hijos y celebrar la navidad”.

Este es, por ahora, el operativo más descarado de compra de votos para las elecciones seccionales 2023. Viteri, al parecer, está en dificultades. Pero, claro, ella no lo reconocerá. El derroche, en sus palabras, adquiere ribetes de generosidad épica: su alcaldía -dijo- “se caracteriza por su entrega total a la solidaridad, a lo social y a los que menos tienen”.

¿Cuánto cuesta esto a su ciudad? No importa. Todo sale de las arcas municipales. Solamente los 300 mil cilindros de gas, ¿cuánto costarían a Guayaquil? ¿Uno por mes para 300 mil personas por cuatro años? Ella no lo dice y sabe que nadie le tomará cuentas. Diario Expreso ha investigado hasta los beneficios de su círculo íntimo y lo único tangible, hasta ahora, es que la alcaldesa de Guayaquil demandó al diario por esa investigación…

Aquiles Álvarez, candidato correísta a la alcaldía de Guayaquil, no se escandaliza por este derroche de fondos públicos. No censura la “compra de conciencia”: le mortifica que esté condicionada al triunfo electoral. Y desafía a la alcaldesa a hacerlo “ahora y sin chantajes”. Se entiende su lógica retorcida: Andrés Arauz también ofreció regalar mil dólares (“Mil de Una”) a un millón de personas, en la primera semana de su gobierno. Quiso comprar de esa forma, por lo menos, un millón de votos. Y condicionó ese regalo a su triunfo electoral…

Los populistas no conocen el valor del dinero. Todo lo miden en votos y en niveles de popularidad: por eso, son adictos a bonos y otras dádivas que mantienen aceitadas a sus clientelas. Lo curioso no es que existan fenómenos tipo pacman como Cynthia Viteri, Álvarez y Arauz: lo realmente llamativo es que la sociedad asista impávida ante estas hordas de piratas convencidos de que pueden farrearse el dinero público para llegar a un cargo. O atornillarse en él. Y, además, admitir que no sean auditados y tolerar, de yapa, que, con más plata pública gastada en propaganda, se quieran tallar biografías de verdaderos próceres. Con falda o con pantalón.

No solo no importa cuidar la plata pública. El país vive convencido de que hay toneladas de billetes en sitios recónditos. Basta ver a Leonidas Iza, Gary Espinoza y sindicalistas decimonónicos como Mesías Tatamuez o José Villavicencio. A Iza y Espinoza da lo mismo paralizar el país y provocar pérdidas por mil millones de dólares. O más. Y luego, como si el dinero creciera bajo las piedras, se sientan a bloquear la producción petrolera y los tratados comerciales mientras, con deleite mal disimulado, suman demandas sin jamás preguntarse, por fuera de su credo ideológico, de dónde saldrá el dinero para atenderlas. Ahora quieren que se condonen las deudas de diez mil dólares, después de que obtuvieron que se condonen las de tres mil dólares y mientras se les ocurre remisiones de algún otro tipo. Total, plata sobra.

Lo mismo hacen los asambleístas (cien coinciden) que cada día sueñan, como Cynthia Viteri -y aunque sea ilegal- en tumbar alguna ley tributaria, dar más plata a los municipios, imponer más servicios al Estado, pedir más policías, mejor salud, mejores vías y carreteras, más fiscales, más jueces, más universidades, más escuelas, becas para los estudiantes, transporte público subvencionado… Y nunca dicen de dónde saldrá la plata. Los populistas no saben crear riqueza, pero son campeones olímpicos en repartir y regalar… a cambio de votos.

Cynthia Viteri es un pacman engullendo el erario de Guayaquil. Pero ella es solo el espejo más publicitado de este desajuste generalizado que vive Ecuador con el dinero público. A pocos interesa cómo obtenerlo y cuidarlo. Pero los que quieren gastarlo e imaginan que sobra, son legión. Y el gobierno de Guillermo Lasso tampoco se ha preocupado, en este aspecto, en poner los relojes a la hora.

Por el contrario: el ministro de Gobierno, Francisco Jiménez, dejó multiplicar las demandas en las mesas de diálogo, como si el ministerio de Finanzas pudiera solventarlas apenas formuladas. Y claro, Jiménez se parece a Viteri, Iza, Arauz… Y a los sindicalistas decimonónicos: hacen política con el escaso dinero público que nunca alcanza para el apetito voraz de todos estos piratas de los Andes. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Twitter.