El cartel del socialismo del Siglo XXI

Cristina Fernández, vicepresidenta de Argentina, fue condenada a seis años de prisión e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos.  La condena es de seis años -no a 12 años como pidió el fiscal- por fraude al Estado, no por asociación ilícita. El daño calculado es de mil millones de dólares y podría sumar más. Y aún faltan – escribe en La Nación Joaquín Morales Solá- los casos de Hotesur, Los Sauces y los cuadernos de las coimas.

En Argentina, esta era una condena esperada. “Cristina Kirchner es tan mafiosa que sería capaz de declarar en contra de Néstor con tal de salvarse”: Álvaro de Lamadrid, autor de esa nota, escrita en agosto pasado, diputado y miembro de la oposición, sabe bien de qué habla. En 2013 escribió un libro, “El Pingüino Emperador, 20 años de poder bruto”, en el que describe cómo Néstor Kirchner, esposo de Cristina, construyó el poder corrupto y autoritario en la provincia de Santa Cruz. Primero en el municipio de Río Gallegos, luego en esa provincia y, desde 2003, en Argentina. De Lamadrid considera que “los Kirchner siempre han sido sinónimo de delito” y que “el peor error con ellos ha sido tratarlos como políticos”.

El patrimonio registrado de Cristina Fernández, el de su hijo Máximo y su hija Florencia, es de 42 millones de dólares. Los expertos argentinos suman 27 propiedades que dejó Kirchner en 2010, cuando falleció. Se sospecha que la verdadera fortuna es mucho mayor y no concuerda con la actividad de la pareja, el monto de la herencia y las declaraciones realizadas. Hay un gran número de libros en Argentina -producto de investigaciones periodísticas-, dedicados a la actividad delincuencial de los Kirchner.

Cristina Fernández no es, la defensora de los pobres que el correísmo siempre quiso vender en el país. Gabriela Rivadeneira, presidente de la Asamblea, incluso la condecoró con la medalla Manuela Sáenz en septiembre 2016. En la realidad, el caso de la ex presidenta argentina es similar al de Lula da Silva, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Rafael Correa, Jorge Glas y otros de sus exfuncionarios. El mismo Ernesto Samper, voluntario para ir a Buenos Aires a solidarizarse con la ladrona, fue financiado, para llegar a la presidencia de Colombia, por el cartel de Cali. Él perdió la visa de Estados Unidos y aquello lo convirtió en enemigo jurado de ese país e incondicional de todos los atracadores del Socialismo del Siglo XXI.

En general, no solo se han enriquecido en el cargo: han perjudicado a sus países y en casos los han llevado a la miseria. El caso venezolano es icónico. En 2013, cuando murió Chávez, Jorge Giordani, ministro de planificación y Finanzas, confirmó que mediante el sistema Cavidi -control cambiario- se habían robado 25 mil millones de dólares. En 2021, María Alejandra Márquez, presidenta de Recuperación de Activos Venezolanos, dijo que el monto por corrupción en Venezuela era, por lo bajo, de 300 000 millones de dólares. Esa cifra se perdió, según Giordani, de los fondos de bonanza petrolera.

¿Cuánto se han robado los supuestos líderes de los pobres? Sus fortunas personales son, por supuesto, un tema polémico. Fidel Castro habría acumulado 900 millones de dólares, según la revista Forbes. De Chávez, hay montos que oscilan entre 535 millones y 2.000 millones de dólares. ¿Cuánto dinero tiene Daniel Ortega? Se preguntó Nicaragua investiga. Y en un video de 07:00 muestra las empresas que ese dictador tiene en su país y las ganancias obtenidas vendiendo, descaradamente, productos al Estado. Por lo bajo, se dice en ese informe, el piso de su fortuna suma 2.500 millones de dólares.

No extraña, entonces, que apenas supieron de la condena de Cristina Fernández, algunos de esos personajes expresaron su solidaridad, su deseo de ir a verla a Buenos Aires (deseo contrariado porque ella dijo tener Covid) y acusaron a la Justicia de prestarse para perseguirla.

Estos populistas-socialistas no son, claro está, los únicos atracadores del Estado. No los junta una ideología: los junta una fórmula para usar la democracia, treparse en el poder, atornillarse y exigir a la Justicia y a la prensa que los dejen avasallar y robar en paz. De lo contrario, tienen una receta mágica, llamada lawfare, que usan para declararse perseguidos y víctimas. Nadie, en su visión, les supera moralmente: ellos son predestinados por la historia. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Parlamentario.