Saquicela, el parlanchín de la Corte

“Habemos jueces honestos, pero hay algunos que nos hacen quedar muy mal”: Iván Saquicela lastima la lengua con la misma facilidad que escurre el bulto de sus responsabilidades públicas. El presidente de la Corte Nacional de Justicia no sabe que la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo haber no es habemos sino, según el contexto, hemos, somos o estamos. Es incorrecto decir “habemos jueces honestos…”. Puede decir, incluso, “hay conmigo jueces honestos…” . No es el único caso: él cree de que, niega de que, lo que debe decir es de que… A su nivel, no es gracioso maltratar tanto la lengua.

Saquicela estuvo hoy en Ecuavisa para responder por la grave crisis que padece la Justicia en el país. Y que volvió a la conversación pública a raíz de escandalosos fallos a favor de políticos, delincuentes y narcotraficantes. Fallos que también suscitaron una reacción de Michael Fitzpatrick que escandaliza no por lo que dice (que todo el mundo sabe) sino porque es el embajador de Estados Unidos.

Si se quiere aquilatar la crisis de la Justicia, es recomendable ver la entrevista hecha por Lenin Artieda. Porque ahí se ve al magistrado del más alto tribunal de Justicia del país en el papel de bailarín con coreografía de supervivencia. No importa las veces que vaya a la Tv.: Saquicela dice lo mismo. Que hay aspectos de la ley que tienen que ser reformados. Que si hay actos irregulares en los juzgados, deben ser sancionados. Que el Consejo de la judicatura es el encargado de hacerlo. Que se tiene que reformar todo el sistema de Justicia que, entre otras cosas, trabaja en pésimas condiciones. Ejemplo: no hay un expediente electrónico ni un sistema informático. Y, claro, no hay agua ni servicios higiénicos dignos. Lo dice excusándose.

Saquicela es otro de esos altos funcionarios del Estado que pasea por los canales de Tv. convertidos en sociólogos de su propia inoperancia. ¿Qué ha hecho desde última entrevista en la cual endosó la responsabilidad de la tragedia que vive la función que lidera al Consejo de la Judicatura? Y sí, ese consejo también es una desgracia. Pero ¿qué ha hecho, qué hace Saquicela?

Hay que ver cómo despliega su halo empático con los ciudadanos, escandalizados por lo que ocurre en la función que él dirige, para cuidar su imagen: él entiende la preocupación del país. Condena las conductas delictivas de esos jueces. Admite que esto no pueda seguir pasando. Sabe que el país no puede más, no tolera más… En ese registro, camina con desparpajo en el terreno de las obviedades. Una de tantas: lo que tiene que hacer el sistema de Justicia es no permitir la impunidad de estas conductas… En fin, él llama a los jueces a estar “a la altura de las exigencias históricas de los ecuatorianos”. Grandilocuencia hueca.

Empujado por Lenín Artieda, reconoce que hay “aspectos más sistémicos” y que esto “no se trata de echarse culpas unos a otros” (lo que no para de hacer). Reconoce que hay requerimientos y procedimientos para la ejecución de la pena, para el régimen de rehabilitación social o el de prelibertad que deben ser reformados para volverlos más exigentes. Reconoce que hay vacíos u oscuridades en la norma que son aprovechados. Que no solo hay que reformar el Código Penal sino también aspectos de orden constitucional y de garantías jurisdiccionales porque hay abuso en las acciones de protección y el hábeas corpus. Que hay que aclarar normas (eso lo puede hacer la Corte Nacional) y unificar criterios jurisdiccionales (entre la Corte Nacional y la Corte Constitucional). En definitiva, él dice tener identificadas las normas que les causan problemas (y requieren en parte de la Asamblea) y otros aspectos que, si se entiende bien, podrían mejorar lo que hoy es una catástrofe.

¿Por qué no lo hace? Porque esos “aspectos más sistémicos” son la coartada que siempre esgrime para un lavado completo de manos. Saquicela no trabaja pensando en solucionar el problema. Actúa con la lógica del burócrata que diagnostica el problema como si su trabajo no fuera resolverlo. No ha dicho qué parte depende de él y cuándo piensa empezar. No ha dicho cuáles son las normas que les afectan y qué textos alternativos propone. No ha dicho qué debe hacer su institución con la Corte Constitucional y cuándo pedirá sentarse con ella.

Saquicela es un político bailarín que usa su cargo como trampolín. Y mientras esté ahí, puede darse incluso el lujo de decir por qué no funciona. Nada hará para que eso cambie. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Corte Nacional.