La extradición es cianuro para el correísmo

Pamela Aguirre podría inspirar ternura: es imposible imaginar una versión política más rudimentaria del correísmo. La prueba más reciente la suministró esta semana en un debate, en Ecuavisa, con Karen Sichel, asesora jurídica de la Presidencia de la República. Lenin Artieda lo moderó.

Ese debate es ilustrativo porque la vocera del correísmo resumió, en 20 minutos, la indigencia conceptual y política del correísmo para explicar su oposición a la extradición. Claro, Pamela Aguirre pone lo suyo en esa penuria que suscita vergüenza ajena: no sabe lo que es un debate de ideas. Llega con arrume de papeles que consulta desaforadamente como buscando qué decir. No escucha a su interlocutora. Repite frases aprendidas. Recita tanto que se expone a tener huecos de memoria: tres veces buscó, en vano, el nombre “Consejo de la Judicatura”.

Es curioso que se obstine en ese libreto hasta anclar la impresión de tener problemas reales de comprensión. Un ejemplo: cuando se trató de debatir si la Fiscalía, como institución, debe tener autonomía -como propone la pregunta dos de la Consulta Popular- ella se extravió en balbuceos de coyuntura para instalar una conclusión insólita: si la Fiscalía no sirve, “vamos a un juicio político” y “espero que la bancada del gobierno apoye con sus votos la destitución de la Fiscal”.

Pamela Aguirre confundió el set de la Tv con el pleno de la Asamblea: sacó un cartel y exhibió algunas veces una foto ampliada de Guillermo Lasso, su esposa, uno de sus hijos y Danilo Carrera. La mostró como prueba irrefutable de corrupción y de crimen organizado. Así procedió sin percatarse de que su ligereza y oportunismo ramplón podían militar en detrimento suyo. Y como si evadir preguntas, confundir un proceso institucional con nimiedades coyunturales y hacer niñerías en directo, no sembraran la impresión de desamparo intelectual, sordidez política y total falta de ubicación.

La asambleísta correísta no solo mostró problemas de comprensión: no exhibió argumentos jurídicos o políticos para sobreaguar en el debate. La impavidez de Karen Sichel y la soltura que ha demostrado en los temas jurídico-políticos que defiende el gobierno, agravó una realidad que se ha vuelto evidente: la extradición es una papa caliente inmanejable para el prófugo en Bélgica.

El correísmo no habla de las mafias del narcotráfico. Ni de su poder de desestabilización, violencia y muerte. Y como sencillamente las ignora, no se plantea cómo enfrentarlo. En ese contexto, la extradición no es una herramienta de lucha y disuasión: es una disyuntiva etérea, innecesaria en el debate nacional. El correísmo no necesita esa arma, así volviera al poder.

No sorprende, entonces, que Pamela Aguirre rehúse hablar de la extradición y prefiera hablar de la consulta en bloque: la considera una trampa. Su tesis es elemental: Lasso no tiene apoyo (aunque reconozca implícitamente que 30% de ciudadanos están a favor de su gestión) y quiere prorrogar las autoridades de control. La extradición es la pregunta-gancho de la trampa oficial.

Claro, eso no dice por qué el correísmo se opone específicamente a la extradición. Y como Pamela Aguirre tampoco lo puede explicar, evoca razones absurdas o pueriles para justificarse. Que es irresponsable, sin decir por qué. Que los procesos de extradición duran mucho tiempo, y habla de dos años. En Colombia tardan de 12 a 18 meses y se podría agregar: ¿y qué?

Que no se oponen a la extradición en sí. ¿Entonces? Que no es eficaz y que la prueba está en México, Colombia, El Salvador y Guatemala que son, según dijo, los países donde el índice de homicidios es mayor por cien mil habitantes. Ella no se percata de que su afirmación, lejos de otorgarle la razón, retrata el poder asesino del narcotráfico. Y que, precisamente por eso, la extradición debe ser considerada como una herramienta en manos del Estado para encarar los carteles. Agravó su caso al decir, sin ironía alguna, una estupidez digna de ser enmarcada: que solo se extraditan delincuentes del crimen organizado y no aquellos que arranchan celulares o rompen las ventanas de los carros para robar…

Karen Sichel estuvo como de costumbre: informada, sobria, precisa y contundente. Su lenguaje corporal delató, no obstante, su perplejidad ante la actitud y las respuestas de su contendora: suspiró, frunció el ceño, torció ojos y boca, movió la cabeza en señal de desaprobación… No podía creerlo. Muchos pensaron lo mismo, según se vio en redes sociales. Por una razón: Pamela Aguirre estuvo patética.

El correísmo lo es específicamente en este tema. (JOSE HERNANDEZ – 4 PELAGATOS)

Foto: Ecuavisa.