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PAÍS MEGA DIVERSO

Como con los pisos climáticos, el origen racial, la reivindicación de culturas, la confusión ideológica, el desarrollo intelectual, el nivel de instrucción, la capacidad de percepción, la comprensión de la problemática; pervive en la heterogénea y compleja estructura mental de los ecuatorianos una gradación espeluznante de lo que cada quien conceptúa como valoración Ética del comportamiento, conducta, ciudadanía o interacción en el tejido social.

Mientras la Ética entendida como compendio de normas que guían el comportamiento humano en un conglomerado, la moral, las buenas costumbres, las normas de convivencia, los valores individuales, son catalogados de manera diversa, dependiendo del estrato cultural, el nivel de instrucción, la mentalidad y el modo de supervivencia de las personas, las familias y su entorno.

El problema que enfrenamos consiste en la distinta percepción de la condición moral y el comportamiento ético, que por ser tan diverso, convierte a la convivencia en un caos inaceptable.

En el más alto nivel de percepción de estas condiciones de comportamiento, está un grupo minoritario que cree en la decencia, la honradez, la honestidad, la integridad y que son esos valores los que guían su accionar en la sociedad como personas probas, capaces de acatar normas morales que las asumen como propias y son su forma de vivir y convivir en comunidad. Respetan la Ley y a las demás personas, no abusan de sus privilegios, rechazan el dinero que no lo hubieran ganado con su esfuerzo, mantienen relaciones familiares cordiales, convencionales y son referentes reales de nuestra sociedad. Se organizan en la clase media en que unas personas confían en los demás, porque saben de sus principios y convicciones.

Una familia como núcleo de la sociedad, cuyos padres procuran protección, formación, educan con el ejemplo y aspiran que sus hijos sean auto-suficientes y personas de bien.

En el nivel más bajo de la escala, en cambio, la escoria humana que subiste bajo la Ley de la violencia y la sumisión, inculta, analfabeta y bruta, que se esconde en laberintos urbanos donde se refugia perseguida por sus actos de delincuencia.

Grupos de mal-vivientes que se juntan en estado de precariedad y abuso, desde donde salen a las áreas consolidadas a cometer toda suerte de tropelías para obtener su día a día. En esos contextos anodinos y caóticos encuentran los medios para cumplir sus tareas, alquilan armas, motos, venden mercancía robada, reciben órdenes para asesinar, cobran sus tarifas y mantienen estructuras de supervivencia y se esconden cuando son perseguidos.

Son inconscientes de su participación en la estructura social regida por normas, como grupos marginales sin integración, con códigos conductuales que funcionan solamente en su interacción precaria.

Para sobrevivir delinquen, soportan represión y cárcel, que solamente es un paréntesis para su forma de vida tal vez mejor que la propia. Son cada vez más avezados, arriesgan todo y carecen de todo escrúpulo, cuando tienen que disparar, ultrajar, injuriar a aquellos que son objeto de su violencia. Solo necesitan un disfraz que les vuelva irreconocibles en las cámaras una capucha, lentes oscuros, una moto y un arma que usan con eficiencia.

Hacen de todo. Amenazan, extorsionan instalan explosivos, disparan acuchillan, lo que les toque hacer, en un derroche de adrenalina que compensan con droga y licor, cuando regresan del raid.

En esos esquemas se desarrollan estos pandilleros, sicarios y estruchantes. Si no acatan sus amenazas, disparan.

Su estructura familiar es también caótica. No son clanes formales, conviven como parejas ocasionales, son hijos de distintos padres y hay casos de mujeres que han sido embarazadas de sus propios padres o de padrastros.

En cualquier caso, es imposible que a aquellos inmersos en esos contextos, se pueda hacer que comprendan o acepten normas y formas de comportamiento civilizadas o reeducarlos. Su vida es esa y no conciben cambios ni salidas. A menos que sean asambleístas.

Otra categoría es la mafia. Negocios que producen millones de dólares en el tráfico de drogas y personas. Para ellos, quién se oponga a la obtención de sus ganancias está condenado a morir. Eso explica los asesinatos entre pandilleros en las calles del país, o las vendettas al interior de los recintos penitenciarios. Son vida o muerte sin términos medios.

Entre los extremos hay quienes delinquen por dinero. En ellos la integridad no existe y son maleables de conducta variable. Ocultan su delito hasta que son expuestos ante la opinión pública como actores de los delitos y sus conexiones. Verdaderos árboles que conectan redes de delincuentes, estafadores o defraudadores del Fisco. A este grupo pertenecen Jueces venales, funcionarios corruptos, notarios engañosos, policías, fiscales y burócratas en actos cometidos por acción u omisión.

Una sociedad descompuesta, que mantiene arrinconado al grupo de personas que cree en la institucionalidad y la Ley.

El grado absoluto de descomposición está en el ecuatoriano

A-MORAL. Alguien que no tiene reparo en cometer toda clase de crímenes, toda clase de tropelías, estafa pública defraudación fiscal, perversidad y engaño a la fe pública, que simultáneamente se proclama como salvador.

Una persona, si se puede llamar así, que después de cometer masivos actos de atraco, de comprometer en esos delitos a cientos de personas, recuperar miles de millones de dólares provenientes del PECULADO, después de disfrazar cuidadosamente todos y cada uno de sus actos, comprometiendo la firma y aprobación de documentos a terceros, después de preparar cuidadosamente su huida, su desfalco, el dinero mal habido, lo niega y se proclama inocente y perseguido.

El A-MORAL fue construyendo su comportamiento a lo largo de su vida. Aparentando lo que no era, aplicando fuerza y bulling a sus compañeros, organizando pequeñas bandas de muchachos asaltantes y ladrones, obteniendo notas escolares con trampa, enredándose en la muerte de personas que no iban con su talante de protagonismo, o con sus inclinaciones sexuales, saliendo airoso y sin culpa, lleno de complejos y adicciones, narciso y megalómano.

Tener doble vida, doble valoración moral, ocultar por todo medio su faceta corrupta y enferma, vivir una bi-polaridad, lograr sus objetivos con engaño y aparente suficiencia, cueste lo que cueste.

Se requiere de una estructura mental sui-generis, con compartimentos seccionados para cometer el delito y olvidarse de él. Proponer un proyecto que suene favorable, pero que perjudique. Lanzar ideas falsas que por repetidas convenzan. Concebir un plan de propaganda para disfrazar sus afanes dañados. Contaminar con su influjo, la psiquis de allegados débiles. Conseguir el sacrificio de otros, para salir bien librado. Exterminar la solvencia de un pueblo, enriquecerse como un puerco y pretender con una saña bestial, insistir en el engaño y para colmo, tener todavía quién le crea.

ESTUARDO MELO MORENO