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El cambio o el regreso

En 2017, ganaron con una diferencia mínima usando todo el Estado a su favor en la campaña y contando con autoridades electorales que después de un apagón, declararon al vencedor.

En 2021 perdieron contra un banquero, oficio que desprestigiaron por 10 años al que anticipadamente acusaron de que provocaría un nuevo feriado (nunca ocurrió) y de que privatizaría la salud y la educación (nunca ocurrió).

Entre 2021 y 2023 boicotearon desde la asamblea y la violencia en la calle, al poder de turno. Tumbaron una consulta que nada tenía que ver con ellos, pero sí con la institucionalidad del país y el narcotráfico para poder extraditar a los capos. Hicieron campaña para favorecer los intereses del narco y ganaron. Con eso, terminaron de acorralar a un gobierno desprestigiado, ineficiente y débil producto (producto en gran medida de sus errores, entre los cuales estuvo intentar tranzar con la mafia política) forzando una muerte cruzada, convencidos de que ganarían la elección anticipada. Esa certeza les puso a la ofensiva: “ya falta poco, no tendrán donde esconderse, nuestra venganza personal será contundente” decían por acá todo el tiempo, invitándonos a muchos a hacer maletas.

Hoy el correismo se juega los últimos 6 años. En ese lapso sus líderes han sido sentenciados, perdieron el control de las instituciones del Estado y han gastado millones en generar caos y levantar sus estructuras para recuperar el poder ejecutivo.

Como para que no quede duda que son una secta de personas que odian pensar, llamaron a sus electores a declararse borregos orgullosos como recurso de campaña. Y sus borregos lo hicieron.

En segunda vuelta, la candidata elegida solamente por su lealtad a un delincuente, se enfrenta a lo que parece un joven preparado, con algunas ideas frescas, hasta hace dos meses absolutamente desconocido, con serios cuestionamientos en temas personales cuyo boom de campaña fue imprimir miles de cartones con su foto.

Si no ganan, la verdad es que aparte de una nueva humillación, sus militantes honestos (si tal cosa existe) o idealistas (algunos hay), deberían replantearse su proyecto. Y tal vez, solo tal vez, cuestionarse si lo mejor para el país es ser súbditos de un psicópata cuya obsesión es lavarse la cara y recuperar el control que alguna vez tuvo, cuando el país era prácticamente suyo. Tal vez, solo tal vez, preguntarse si convertir en causa política frases como “pronto no tendrán donde esconderse” y haber hecho una campaña que beneficiaba al narco, es lo que necesita el Ecuador.

También deberían cuestionarse por qué el único político que encarnaba una némesis real de su proyecto, que siempre los cuestionó y que siempre les llamó por su nombre, fue asesinado. Y por qué su líder, en lugar de llamar buscar consensos para lograr paz y llegar a la verdad, se declaró víctima de ese crimen. Pregúntese por qué también el gordo y el oscuro están por los techos poco después de que EEUU anunciara una millonaria recompensa por llegar a la verdad.

Dejen de idealizar a delincuentes y construyan alternativas democráticas. Ese proceso es jodido porque demanda quitarse el disfraz de borrego. Pero será sin duda liberador.

Tal vez hoy se den cuentan de que mismo mismo, ser el obsecuente de un demente, no paga. Tal vez es hora de abrir los ojos.

por: CARLOS ANDRES VERA