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Política líquida y pacto legislativo

¿Sorprendidos? La alianza entre correístas y socialcristianos no tiene nada de extraño. Desde mucho antes de llegar a Carondelet, Rafael Correa y su núcleo familiar mantenían una estrecha relación con el Partido Socialcristiano. Algunos de ellos inclusive eran devotos del ingeniero Febres Cordero.

Los vínculos funcionaron con bastante armonía durante la década del correato. Al margen de las típicas pirotecnias verbales de nuestra política criolla, donde Correa y Nebot se decían vela verde cada vez que les convenía, al exalcalde de Guayaquil no le toparon ni un pelo. Recibió puntualmente sus asignaciones presupuestarias y gobernó en su feudo como príncipe medieval. Es más, pudo sobrevivirle dos años a Correa.

Las sorpresas por este tipo de cabriolas políticas se originan en la dificultad que tenemos para aceptar el simulacro de la política formal. Con frecuencia, le atribuimos a una declaración más peso que a la realidad. Pero si partiéramos de la constatación de que la política es un acto esencialmente de poder, podríamos entender mejor los escenarios y la evolución de los acontecimientos.

Para muestra, un botón. El video que viralizó Marcela Aguiñaga con su “tía” Isabel Noboa es la confirmación más descarnada de cómo se mueven las fuerzas en la disputa política. Inclusive, podría sospecharse que de por medio hay una generosa retribución: el grupo Noboa fue uno de los mayores beneficiarios de la década de gobierno correísta. Aquí, el pragmatismo se impone sobre cualquier veleidad ideológica.

Por eso, el entusiasmo con el que los voceros de ambos lados del acuerdo legislativo promueven el sacrosanto objetivo de la gobernabilidad suena ridículo. Huele a milagro. ¿De cuándo acá los poderes reales en este país se van a jugar por un diálogo parlamentario para administrar la Asamblea Nacional y sacar adelante las leyes que harán la felicidad de los ecuatorianos? Quieren presentarnos un escenario copado por un grupo de ángeles y arcángeles dialogando en total recogimiento.

Lo que no sabemos el común de los mortales, y que jamás harán público los involucrados en las negociaciones, es el verdadero sentido del pacto. Únicamente las decisiones futuras permitirán desentrañarlo. Ya aparecerán leyes económicas con dedicatoria, o repartos en las demás instituciones del Estado. ¿Puede alguien pensar, a estas alturas del partido, que correístas y socialcristianos no irán por el control de la justicia, una medida que les ha dado mayores réditos políticos que ganar una elección?

Mientras tanto, la ciudadanía seguirá con avidez ese teatro de sombras en que se ha convertido la política formal. Una forma de entretenimiento para aplacar las penas cotidianas. La política líquida –más bien gaseosa– en su más cruda expresión. (JUAN CUVI – PLAN V)