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Víctima de extorsión cuenta su testimonio

Pese a que existe un estado de excepción donde militares y policías le están haciendo frente a las organizaciones delictivas, el número de secuestros y extorsiones no paran en nuestra provincia.

Este medio buscó información precisa en la Subzona de Policía de El Oro; sin embargo, esta entidad nos indicaron que las cifras referentes a El Oro la manejan desde la Unidad Antisecuestro y Extorsión (UNASE) que opera desde la ciudad de Guayaquil.

De acuerdo a datos que publicó Ecuavisa, en lo que va este año se han registrado 1.543 casos. La provincia del Guayas es la que más casos registra, con 1.188, luego le sigue Esmeraldas, con 189 y después está Pichincha, con 166 casos.

TESTIMONIO

Para evitar que la víctima sea identificada, reservaremos sus nombres. Lo llamaremos Ángel, quien habita en el norte de Machala.

Él cuenta que toda la pesadilla inició cuando su suegra empezó a recibir llamadas extorsivas desde un número extranjero. Sucedió hace menos de un mes -aún en estado de excepción-.

Al ver que se trataba de un número que no pertenece a las operadoras ecuatorianas, su suegra lo ignoró. Sin embargo, luego le empezaron a enviar mensajes por WhatsApp que estaban acompañados con fotografías de la vivienda. El nerviosismo de inmediato se apoderó de la mujer, añade. Le exigían la cantidad de 15.000 dólares para dejarla tranquila.

ATENTADO

Narra que, al seguir ignorando los mensajes, una noche dejaron unos explosivos en el portal de la vivienda. Eso aún más los puso en zozobra.

‘Ellos querían que entreguemos el dinero y nos dejaban tranquillos’.

De inmediato llamaron a la Policía Nacional, llegando después de un par de horas los elementos del Grupo de Intervención y Rescate (GIR) para realizar la detonación controlada de dos tacos de dinamita.

Al día siguiente que la dama puso la denuncia y que él la acompañó, en horas de la noche dos sujetos en una motocicleta abrieron fuego contra la vivienda. “Al escuchar los disparos, tuvimos que escondernos en la parte de atrás de la casa”, recordó.

Ángel dice que por dos ocasiones una patrulla le daba vuelta al domicilio como medida de protección, pero para él, esto no era garantía para que los sujetos los dejaran en paz. “Ellos querían que entreguemos el dinero y nos dejaban tranquillos”, expresó.

Con todos estos antecedentes, se mudaron a otro cantón de la provincia para precautelar la vida de sus hijos, esposa y el resto de la familia.

Él dice sentirse frustrado, porque pese a que existe el estado de excepción, las bandas criminales no paran. Añadió que la mamá de su esposa es una señora de clase media y lo poco que recibe de su jubilación, es para comprar sus medicamentos y para las cosas del hogar.

El monto de las extorsiones va desde los 1.000 a 100.000 dólares, dependiendo del poder adquisitivo de la víctima. (DIARIO CORREO)

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