La “flota mosquito” de Irán: cómo enjambres de pequeñas lanchas desafían a EE.UU. en el estrecho de Ormuz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó recientemente haber “aniquilado por completo” la Armada de Irán, reduciéndola a “pequeñas embarcaciones con una ametralladora a bordo”.

Sin embargo, estas “pequeñas embarcaciones” —bautizadas por algunos analistas occidentales como la “flota mosquito”— poseen un aguijón.

Durante meses han estado ayudando al régimen iraní a causar graves perturbaciones en el estrecho de Ormuz —una de las rutas marítimas más importantes del mundo—, en lo que los expertos consideran un intento de perjudicar la economía mundial y presionar a Washington para que abandone su guerra con Teherán.

Pero, ¿qué es la flota mosquito y cómo ha demostrado ser tan eficaz?

“Acosar, abrumar, confundir y perturbar”

Un gráfico muestra las capacidades de la denominada "flota mosquito" de Irán, compuesta por lanchas rápidas. En él se observa una lancha motora con una ametralladora montada en su proa y un cohete surcando el aire, dejando tras de sí una estela de fuego.

La flota de lanchas de ataque pequeñas y rápidas fue creada por el régimen iraní en la década de 1980, durante la guerra entre Irán e Irak.

Aunque Irán se encontraba en guerra con Irak, los combates se extendieron al golfo Pérsico durante la “Guerra de los Petroleros” de la década de 1980, lo que llevó a Estados Unidos a intervenir para proteger el transporte de petróleo.

Los enfrentamientos con la Armada de Estados Unidos provocaron que la flota naval convencional de Irán sufriera graves pérdidas.

Fue entonces cuando la flota de pequeñas embarcaciones de Irán pasó a formar parte de una doctrina bélica diseñada para contrarrestar a potencias navales superiores.

Esta constituye tan solo una parte de una estrategia iraní más amplia que incluye también misiles, drones, minas, lanzadores costeros y ataques perpetrados por sus grupos afines en países vecinos.

Operada por el poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), la flota no está diseñada para el combate naval tradicional, sino para “hostigar y atacar en enjambre, confundir y perturbar el tráfico marítimo”, afirma Saeid Golkar, profesor asociado de la Universidad de Tennessee en Chattanooga y asesor principal de Unidos contra un Irán nuclear (UANI, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro que se opone al régimen iraní.

“El CGRI sabe que no puede derrotar a Estados Unidos en una guerra naval convencional”, añade.

En cambio, su objetivo es elevar los costos y riesgos para las compañías que transitan por el Golfo, atacando a los buques cisterna comerciales y convirtiendo el estrecho en un lugar más peligroso para operar.

Según los expertos, las tácticas de la flota incluyen realizar disparos cerca de buques comerciales, colocar minas en el mar y enviar enjambres de embarcaciones a gran velocidad desde múltiples direcciones.

Estas lanchas de ataque rápido suelen estar equipadas con ametralladoras, cohetes o misiles antibuque.

Si bien muchas han sido diseñadas y fabricadas por el Estado iraní, otras han sido adaptadas a partir de embarcaciones de uso civil, incluidos antiguos buques pesqueros de arrastre.

Estas embarcaciones son asequibles y fáciles de reemplazar, afirma en un informe reciente Can Kasapoglu, investigador sénior no residente del Hudson Institute, un centro de estudios de tendencia conservadora con sede en Washington.

Esto permite a Irán amenazar a buques comerciales y militares “a un costo relativamente bajo, al tiempo que pone en riesgo los activos de alto valor de un adversario y la economía marítima mundial”, señala Kasapoglu.

Los expertos afirman que el objetivo general es presionar a Washington para que abandone su guerra contra Teherán y disuadir futuros ataques.

Dado que muchas de estas embarcaciones navegan a ras del agua, resultan difíciles de detectar por radar hasta que se encuentran muy cerca; por ello, una vigilancia eficaz exige una supervisión constante mediante drones, helicópteros o aviones de patrulla.

Se desconoce el tamaño exacto de la flota, en parte debido a que muchas de las embarcaciones permanecen ocultas en cuevas, calas y túneles subterráneos a lo largo de la costa sur de Irán. No obstante, las estimaciones sitúan el número de embarcaciones entre 500 y más de 1.000.

El régimen lleva a cabo ejercicios navales periódicos en los que participa esta “flota mosquito”.

“Guerra de guerrillas marítima”

Un grupo de lanchas rápidas iraníes navegando en el mar.
Pie de foto,La flota no está diseñada para el combate naval tradicional, sino para “acosar, enjambrar, confundir y perturbar el tráfico marítimo”, afirma Saeid Golkar.

Los analistas suelen describir el enfoque de Irán como una guerra de guerrillas en el mar.

Si bien la Armada de EE.UU. es capaz de destruir las lanchas rápidas de Irán cuando estas quedan expuestas en aguas abiertas, el CGRI se cuida de evitar el combate abierto, según Golkar.

“El CGRI intenta evitar la confrontación directa y, en su lugar, emplea tácticas de ‘golpear y huir’, ataques en enjambre, minas, drones, misiles y embarcaciones pequeñas para elevar el costo de las operaciones estadounidenses y comerciales”, afirma Golkar.

Irán puede reemplazar las embarcaciones perdidas de manera rápida y económica. Estados Unidos y sus aliados, por el contrario, deben desplegar costosos buques y aeronaves para proteger el tráfico comercial.

En lugar de destruir embarcaciones, incluso el mero hecho de generar la percepción de un peligro grave puede elevar los costos de los seguros y persuadir a las empresas de evitar esa ruta, señalan los expertos.

Incluso la amenaza de minas navales puede ralentizar o detener el tráfico. Despejar de minas una vía navegable es un proceso lento.

¿Está funcionando la estrategia de Irán?

Varios miembros del CGRI, vestidos con indumentaria militar y pasamontañas negros, apuntan con sus armas durante un ejercicio.
Pie de foto,El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica opera la “flota mosquito” de Irán.

El tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz se ha desplomado hasta reducirse a una fracción de los niveles anteriores a la guerra.

Hormuz Strait Monitor, una plataforma de seguimiento en tiempo real, muestra que transitan por la vía fluvial unos 10 buques al día; esto representa aproximadamente el 8% del promedio diario habitual de 60 embarcaciones.

El tráfico general se mantiene más de un 90% por debajo de los niveles previos a la guerra, según el equipo de la Marina Real británica que supervisa la región.

Se produjo un breve repunte de la actividad cuando Estados Unidos, Israel e Irán acordaron un alto el fuego el 8 de abril. Sin embargo, días después, esa recuperación se revirtió cuando Washington impuso su propio bloqueo a las mercancías que entraban y salían de Irán.

Además, continúan produciéndose ataques en el estrecho.

La semana pasada, el Centro de Operaciones de Comercio Marítimo de Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés), organismo que supervisa las rutas marítimas internacionales, informó que un buque de carga había sido “impactado por un proyectil desconocido” a unos 43 km al noreste de Doha, en Qatar; el incidente provocó un pequeño incendio, pero no causó víctimas.

La agencia de noticias iraní Fars informó posteriormente que la embarcación navegaba bajo bandera estadounidense y pertenecía a Estados Unidos.

La Organización Marítima Internacional de Naciones Unidas estima que alrededor de 1.500 buques y 20.000 tripulantes siguen afectados por el bloqueo de Ormuz.

La reducción en el volumen de petróleo que transita por el estrecho ha contribuido a lo que algunos analistas describen como la mayor conmoción en el suministro de petróleo de la historia, así como a que los precios del crudo alcancen máximos casi históricos.

Fuente: BBC News Mundo