Por qué el “incendio” en el mercado de bonos está quitando el sueño a los líderes mundiales

Hay un “incendio” que se está propagando por los mercados de bonos, en los que muchos países se enfrentan a tipos de interés en máximos no vistos en décadas.

Al mismo tiempo, los mercados que prestan dinero a los gobiernos también parecen estar experimentando cambios más fundamentales.

En los últimos meses, el mensaje ha quedado claro: los países tendrán que pagar más para financiarse.

La causa inmediata es el continuado cierre del estrecho de Ormuz y la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, factores que han impulsado la inflación y, a su vez, han elevado las expectativas de tipos de interés más altos en las principales economías mundiales.

Los mercados habían asumido que las tensiones se disiparían —y con ellas se suavizarían los precios del petróleo y el gas— antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para noviembre.

Era una ilusión basada en la esperanza de que el presidente Donald Trump desearía que el conflicto en Medio Oriente se resolviera mucho antes de que los estadounidenses acudieran a las urnas.

Sin embargo, eso no ha sucedido, lo que lleva a los mercados a dar por hecho precios de la energía más elevados, una crisis crónica en el Golfo y una inflación más alta durante más tiempo, lo que conlleva, en consecuencia, tipos de interés más altos.

El estadounidense Donald Trump luce serio y levanta el pulgar a la cámara. Viste un traje azul con corbata roja.
Pie de foto,Con las elecciones de mitad de mandato acercándose, la Casa Blanca querrá demostrar que está cumpliendo con las expectativas económicas.

Competencia por la financiación

Pero eso es solo una parte de la historia.

El panorama general muestra una creciente demanda de financiación en todo el mundo, y no solo por parte de los gobiernos.

Las grandes empresas tecnológicas están recurriendo a los mismos mercados de bonos para captar cientos de miles de millones de dólares destinados a inversiones en centros de datos de inteligencia artificial.

En lo que va de año, gigantes tecnológicos estadounidenses —como Google, Amazon y Meta— ya han emitido deuda por valor de más de US$219.000 millones; casi un tercio de esta cifra se ha emitido en monedas distintas al dólar.

El año pasado, el volumen total de emisiones fue de US$93.000 millones, mientras que anteriormente la media anual era inferior a los US$40.000 millones. Algunos prevén que estos gigantes tecnológicos capten entre US$400.000 y US$500.000 millones en los mercados de bonos este año.

Se trata de cifras astronómicas que intensifican la competencia en el mercado y elevan los costes de financiación para los gobiernos.

Si dirigimos la mirada hacia el este, encontramos otro gran prestatario: Japón.

Este país soporta la mayor carga de deuda en relación con su PIB entre las principales economías y es el mayor acreedor individual del gobierno estadounidense.

Hasta hace poco, el tipo de interés de su banco central era cero, pero ha ido aumentando gradualmente para ayudar a combatir la creciente inflación.

Como consecuencia, la rentabilidad de sus bonos públicos ha alcanzado máximos no vistos en 30 años. La depreciación del yen complica la situación, pero, en última instancia, lo que se está produciendo es un cambio en los flujos mundiales de capital.

El edificio de la Reserva Federal de Estados Unidos con una bandera del país en frente.
Pie de foto,La Reserva Federal se enfrenta al dilema de subir o no los tipos de interés.

La credibilidad de los gobiernos

El factor principal que impulsa el alza de los tipos de interés es la credibilidad de los planes de endeudamiento presentados por las grandes economías. Este aumento no responde al temor de que los países caigan en bancarrota.

Más bien, obedece a la implacable lógica del mercado: si un país desea endeudarse más sin contar con un plan creíble —especialmente cuando existen dudas sobre la estabilidad de su gobierno—, debe asumir que pagará un tipo de interés más elevado.

Economistas influyentes señalan distintos factores. Mohamed El-Erian me comentó que la competencia de la inteligencia artificial en los mercados de bonos constituye el factor novedoso más importante.

Por su parte, Jim O’Neill atribuye la reciente evolución a la incertidumbre sobre la política estadounidense y, en particular, a los intentos del gobierno de EE.UU. por contener el fuerte repunte de los rendimientos de los bonos.

Un caso que se puede analizar es el de Reino Unido.

La profunda e incesante inestabilidad —marcada por el relevo constante de primeros ministros y ministros de Hacienda, los cambios bruscos de rumbo político y la aparente incapacidad para implementar reformas estructurales de calado en las últimas décadas— ha provocado que los inversores exijan una prima de riesgo adicional.

Parte de la estrategia del ex primer ministro Keir Starmer consistía en abordar reformas de corte más técnico y ofrecer estabilidad a los mercados con el objetivo de reducir los costos de financiación.

Para muchos agentes del mercado resultó sorprendente que, pese a contar con una mayoría aplastante, el Partido Laborista no lograra sacar adelante sus planes para recortar el gasto en prestaciones sociales.

Esta situación contribuyó a la volatilidad en el mercado de la deuda pública británica.

En realidad, la economía real muestra signos de recuperación. En lo que va de 2026, el crecimiento económico en Reino Unido ha superado al de países comparables, a pesar del fuerte aumento de los precios de la energía.

Los indicadores de confianza del consumidor han vuelto a repuntar. El primer ministro británico, Andy Burnham, espera aprovechar estas señales para contribuir a la recuperación económica.

¿Debería preocuparme?

Sin embargo, el desplome continuo en los mercados mundiales de bonos plantea serias dudas sobre la coherencia y el detalle de los planes más amplios de Burnham.

Hablar de “mayor control público” y de más apoyo para quienes sufren el impacto del costo de la vida suena a un plan que implica un mayor gasto; no obstante, lo primero podría disuadir a posibles inversores interesados ​​en el país.

O’Neill, antiguo asesor económico de Burnham, me comentó el martes que el plan a diez años del primer ministro —cuya presentación está prevista para noviembre— debe detallar cómo abordará el “gasto excesivo”.

El economista opina que demostrar a los inversores su capacidad de decisión en cuestiones como las pensiones públicas o la factura de las ayudas sociales le daría margen de maniobra para centrarse en las inversiones en infraestructuras que él prioriza.

A medida que suben los tipos de interés, las disyuntivas a las que se enfrenta el primer ministro británico y otros líderes mundiales se vuelven aún más complejas.

Fuente: BBC News Mundo