Mujeres fumadoras. Tabaquismo con enfoque de género

Por Claudia Juárez Álvarez, Ciencia UNAM-DGDC

“Los efectos del tabaquismo en el organismo, las motivaciones para empezar y abandonarlo sí son diferentes entre hombres y mujeres”.

Es la conclusión a la que llega la doctora Guadalupe Ponciano, tras su experiencia en la atención a personas fumadoras en la Facultad de Medicina de la UNAM. Esa cercanía le permite reconocer las necesidades físicas, psicológicas, emocionales y sociales de quienes acuden al Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo, que ella coordina.

“Ahora tenemos 26 años de experiencia en lo que es el fumador mexicano. No es que seamos diferentes a los demás, pero sí tenemos características muy particulares a considerar al abordar esta adicción”.

Y en el universo de pacientes, la especialista reconoce que las diferencias se extienden incluso entre hombres y mujeres. El enfoque de género es parte de su trabajo contra el tabaquismo. “El humo contiene unas 7 mil sustancias químicas de efecto más agresivo en las mujeres”, afirma.

El tórax de las mujeres  —la parte del cuerpo que contiene a los órganos principales de las funciones respiratorias y cardiovasculares— tiene menor superficie en comparación con el tórax de los hombres.

“Eso hace que el riesgo de desarrollar enfisema, bronquitis crónica o cáncer pulmonar al fumar sea mayor en nosotras. Hay varios estudios que han demostrado que el efecto productor de cáncer de cada cigarrillo equivale a dos, se duplica; entonces si una mujer me dice que está fumando tres cigarrillos al día, en realidad estaría fumando seis”. 

Otra alteración asociada es el cáncer de mama. “Algunos compuestos del tabaco son disruptores endocrinos, alteran el equilibro hormonal, en particular de los estrógenos, claves para el ciclo menstrual y la fisiología de la mujer. La exposición a los disruptores aumenta el riesgo a desarrollar cáncer mamario, por eso es importante que si la mujer fuma y quiere empezar a utilizar anticonceptivos o terapia hormonal por menopausia, sea bajo vigilancia médica.”

Las razones que acercan a las mujeres al tabaco y las mantienen dependientes tampoco son las mismas que en la población varonil, reconoce la doctora Ponciano.  

“En ellas es principalmente la sensación de empoderamiento. En cambio, los varones se introducen más por curiosidad y por querer pertenecer al grupo. En cuanto a la dependencia, las mujeres reportan con mayor frecuencia cuestiones emocionales: fumar las tranquiliza si están estresadas o tristes; si tienen problemas de pareja, se refugian en el cigarro.

Aunque los varones también consumen para sobrellevar eventos estresantes ellos generalmente fuman en ciertos contextos, en reuniones con amigos, después del partido de fútbol, en la sobremesa, por ejemplo.

La decisión de evitarlo  

Guadalupe Ponciano dedica parte de su tiempo a difundir las evidencias de los daños del tabaquismo y a hacer notar que es una enfermedad prevenible. Quiere encender las alertas, especialmente en las jóvenes.

“La mercadotecnia del tabaco ya no va dirigida a los adultos sino a los niños, las niñas y los adolescentes, tanto hombres como mujeres, porque son los que van a durar más tiempo fumando”.

La mejor decisión es evitarlo. “Es común que las mujeres jóvenes acudan a nuestra clínica en el momento que quieren embarazarse. Es algo que deben considerar cuando empiezan a fumar, que las etapas de la vida van cambiando; el embarazo, la lactancia son etapas en las cuales es indispensable desintoxicar al organismo para evitar riesgos a la madre y al bebé”.

Aunque conocemos mejor lo que sucede en el cuerpo de las mujeres fumadoras, las alertas siguen vigentes. En 2026, el lema del Día Mundial Sin Tabaco (31 de mayo) es “Desenmascarar el atractivo: contrarrestar la adicción a la nicotina y el tabaco”.

Si nos trasladamos al pasado, a través de los relatos del siglo XVI, ya se hablaba de las mujeres que fumaban demasiado, a la par de los hombres, en las calles de lo que hoy es la Ciudad de México.

A los migrantes europeos les inquietaba; no era una práctica femenina extendida en sus países. Con el paso del tiempo, el consumo de tabaco fue mal visto hasta considerarlo indeseable en las mujeres “buenas” y educadas, narra el historiador Martín González de la Vara, en el artículo Tabaquismo femenino en México durante el siglo XIX.

Hacia 1900, persistió como una costumbre masculina, a pesar de las descripciones de la época sobre los problemas de salud derivados. En la actualidad, alrededor de 15 millones de personas en México son fumadoras, el 26.3% de los hombres y el 9.4% de las mujeres adultas consumen tabaco; un porcentaje menor usa cigarro electrónico, según los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025.

Fuente:UNAM