Oswaldo Hurtado ha llamado “criptodictadura” al gobierno de Daniel Noboa.
Por Abg. Telmo Romero Espinoza.
Es una acusación demasiado seria como para responderla con insultos, memes o descalificaciones. Una democracia madura no debería temer al debate, aunque la crítica venga de un expresidente de la República.
Pero tampoco debemos confundir una palabra contundente con una verdad demostrada.
Daniel Noboa no es un dictador.
Un dictador no llega al poder mediante elecciones democráticas para luego someterse a ellas. Un dictador no gobierna simplemente porque tiene mayoría política. Una mayoría parlamentaria, por amplia que sea, no convierte por sí sola a un presidente en dictador.
Lo que sí tiene Noboa es una condición política que otros presidentes no tuvieron: la posibilidad de gobernar con una mayoría que le permita coordinar la acción del Estado y evitar que cada decisión termine convertida en un pulso interminable entre poderes.
Y aquí comienza el verdadero debate.
¿QUIERE ECUADOR GOBERNABILIDAD O INGOBERNABILIDAD?
Recordemos lo ocurrido con Guillermo Lasso.
Llegó a la Presidencia, pero terminó enfrentado con una Asamblea que convirtió buena parte de su mandato en una permanente confrontación política. Finalmente, terminó fuera del poder mediante la muerte cruzada.
Hoy algunos pretenden repetir la misma fórmula con Noboa.
Pero hay una diferencia fundamental:
A Noboa no lo pueden sacar por esa vía.
Y eso, posiblemente, es lo que más incomoda a quienes hicieron de la confrontación política una forma de gobernar.
No se trata de sostener que todo lo que haga Noboa está bien. Sería absurdo.
Un presidente debe ser fiscalizado.
Debe respetar la Constitución.
Debe rendir cuentas.
Debe aceptar la crítica.
Debe responder ante las instituciones.
Pero fiscalizar no significa bloquear.
Oponerse no significa impedir.
Y hacer política no puede significar trabajar permanentemente para que un gobierno fracase, cuando de ese fracaso termina pagando la factura el pueblo.
ECUADOR NO ESTÁ EN TIEMPOS NORMALES
Aquí está el punto que muchos parecen olvidar.
Ecuador no enfrenta hoy una simple disputa entre partidos políticos.
El país enfrenta al crimen organizado, narcotráfico, sicariato, extorsión, corrupción y estructuras criminales que durante años fueron adquiriendo poder dentro y fuera de las cárceles.
El propio Gobierno ha recurrido a estados de excepción para enfrentar la grave conmoción interna; el último de ellos comprendió diez provincias y tres cantones y fue declarado constitucional por la Corte Constitucional.
En estas circunstancias, exigirle al presidente que gobierne como si Ecuador estuviera viviendo una tranquila normalidad institucional es desconocer la realidad.
Se necesita firmeza, pero también estadismo.
Y aquí también hay que decirle algo a Noboa:
Tener mayoría no significa tener licencia para equivocarse.
Tener poder no significa tener siempre la razón.
Gobernar con firmeza no significa gobernar con soberbia.
El verdadero estadista no es el que concentra más poder.
“”Es el que sabe utilizar el poder que el pueblo le entregó para recuperar el país y devolverlo, algún día, a la normalidad institucional””.
¿Y QUÉ PASA CON LA OPOSICIÓN?
La oposición tiene todo el derecho a oponerse.
Pero también tiene una responsabilidad histórica.
Porque si su único objetivo es impedir que Noboa gobierne para provocar su desgaste político, entonces el perjudicado no será Noboa.
Será Ecuador.
No podemos pedir seguridad y, al mismo tiempo, poner obstáculos a toda acción contra las mafias.
No podemos exigir empleo y desarrollo y paralizar toda iniciativa gubernamental por cálculo electoral.
No podemos reclamar institucionalidad y convertir cada institución en un campo de batalla política.
La democracia no consiste en que todos tengan el poder.
Consiste en que quien ganó las elecciones pueda gobernar y quien perdió pueda fiscalizar.
Eso es democracia.
Lo contrario es convertir la democracia en una guerra de poderes.
NO DEFENDEMOS A UN HOMBRE. DEFENDEMOS EL DERECHO A GOBERNAR.
Yo no defiendo a Daniel Noboa porque crea que sea infalible.
Lo defiendo porque creo que Ecuador necesita un gobierno que pueda gobernar.
Y si Noboa fue elegido democráticamente, tiene mayoría y cuenta con un mandato ciudadano, debemos exigirle resultados, no buscar permanentemente la manera de impedirle gobernar.
Que lo juzguen sus resultados.
Que lo fiscalicen las instituciones.
Que lo sancionen los tribunales si viola la ley.
Pero que no pretendamos reemplazar las urnas por maniobras políticas.
Porque si cada presidente que intenta gobernar con firmeza debe ser acusado de dictador, entonces llegará el día en que ningún gobierno podrá tomar una decisión difícil sin ser acusado de autoritarismo.
Y si cada oposición considera que su misión es hacer fracasar al gobierno de turno, entonces tendremos elecciones, sí…
pero no tendremos gobernabilidad.
Ecuador necesita algo más grande que una victoria electoral.
Necesita unidad nacional frente al enemigo común.
Noboa debe entender que el poder no es propiedad del presidente.
La oposición debe entender que la democracia tampoco es propiedad de quienes perdieron las elecciones.
Y los ecuatorianos debemos entender algo todavía más importante:
En una democracia, el poder se entrega en las urnas.
La oposición controla.
El Gobierno gobierna.
Y el pueblo juzga.
Eso no es dictadura.
Eso es democracia.
Y si algún día Noboa cruza la línea constitucional, que sea la propia democracia la que lo detenga.
Pero mientras esa línea no haya sido cruzada, no confundamos la firmeza de un gobierno con una dictadura ni la oposición con el derecho a impedir la gobernabilidad.
Ecuador no necesita otro presidente derrotado por la pelea política.
Necesita un estadista capaz de ganar la guerra contra la delincuencia, recuperar la institucionalidad y entregar al país algo que hoy parece casi perdido:
la esperanza de volver a vivir en paz.
TELMO ROMERO EL TRIBUNO

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