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¿Por qué algunas plataformas cierran la puerta a los agentes de IA? Estas son las razones

La verdadera revolución de la inteligencia artificial (IA) no es que pueda generar contenidos, crear imágenes y vídeos o programar en cuestión de minutos: el cambio está en los agentes que se adelantarán a las necesidades del usuario y formarán parte de su día a día. La IA agéntica es la próxima frontera de una revolución aún en pañales, pero parece que ya se enfrenta a su primer gran peligro: la negativa de algunas webs y plataformas a abrirle sus puertas.

La promesa de los agentes basados en IA es clara: podrán comprar productos, reservar vuelos o gestionar cuentas bancarias en nombre del usuario. Un sueño para muchos y una pesadilla para quienes temen el impacto que estas acciones tendrán en la privacidad o la ciberseguridad. Y a eso se aferran compañías como Amazon, Delta Airlines, Yelp o JPMorgan Chase, que ya han bloqueado el acceso de bots de IA a sus plataformas. Amazon incluso mantiene una disputa legal con Perplexity por su navegador web que integra un asistente para realizar compras sin que prácticamente intervenga un humano. Pero ¿por qué estas plataformas se afanan por prohibir el acceso a unos asistentes que prometen hacerles la vida más fácil a sus propios clientes?

“Responden a las dos cosas a la vez, y conviene no separarlas artificialmente. Hay motivos legítimos de seguridad: un agente que navega y compra a la velocidad de una máquina es indistinguible, desde fuera, de un bot de fraude, de scraping o de abuso de credenciales”, explica Josep Curto, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). “Las plataformas llevan años invirtiendo en detectar tráfico automatizado, y un agente con la sesión del usuario rompe muchas de sus hipótesis de defensa”, añade.

Ciertamente, un bot genera tráfico y consume recursos, y además no es posible saber sus verdaderas intenciones: ¿solo trata de comprar un producto y generar una venta para la plataforma o, por el contrario, en realidad está atacando el sitio web? “Un aumento masivo de agentes navegando e interactuando en tiempo real genera una carga enorme de tráfico (scraping intensivo, peticiones concurrentes) que puede degradar la respuesta del sistema”, indica el profesor, quien añade que estas plataformas buscan cubrirse las espaldas no solo desde el punto de vista técnico, preservando sus recursos, sino también legal. “¿Quién responde si el agente compra algo equivocado o accede a datos a los que no debería acceder?”, se pregunta.

A priori, los datos respaldan estos temores de algunas grandes plataformas. Según el informe Bad Bot Report 2026 de Imperva, el tráfico web automatizado representó el 53 % del total en 2025, dos puntos porcentuales más que el año anterior. No es ninguna novedad que los bots han superado a los humanos en internet. Pero no todas las preocupaciones son tan evidentes: detrás de estos bloqueos también podría haber intereses comerciales que podrían terminar por desencadenar una nueva oleada de disputas legales cuya magnitud aún se desconoce.

La disputa por el control del cliente

Muchas compañías tecnológicas ya conocen los riesgos legales que conlleva intentar favorecer sus propios productos frente a los de la competencia. Las autoridades, especialmente las europeas y las estadounidenses, están ojo avizor para preservar la capacidad del usuario de decidir qué servicios y plataformas utilizar en cada caso. Pero no es tarea sencilla, y esta nueva polémica sobre los agentes vetados no hace sino agravar estos conflictos.

“Una parte muy relevante del negocio de plataformas como Amazon depende de la atención: publicidad en resultados, productos patrocinados, recomendaciones propias, datos de comportamiento. Es decir, viven en buena medida de la experiencia publicitaria, la recomendación cruzada y las compras por impulso“, explica el experto de la UOC. “Un agente que compara y decide por el usuario se salta justo esa capa, y la plataforma pierde el control sobre la relación con el cliente”, añade, al hablar de un fenómeno que cambia las reglas del juego: “Si la interfaz del usuario pasa a ser el agente de IA (OpenAI, Apple, Anthropic) y no la tienda, el poder sobre la relación con el cliente cambia de manos”, advierte.

“Una parte muy relevante del negocio de plataformas vive en buena parte de la experiencia publicitaria, la recomendación cruzada y las compras por impulso”

Sin embargo, el interés potencial de estas plataformas a la hora de bloquear los bots no se limitaría a proteger sus sistemas ni a favorecer su negocio publicitario y de datos: algunas de las mismas plataformas que bloquean bots… ofrecen bots en el mercado. “Google, Amazon y Microsoft son a la vez plataforma y fabricante de agente, y ahí está precisamente el conflicto de interés. Sería, en cierto modo, repetir la historia de los ecosistemas cerrados (walled gardens), pero con una diferencia importante: ahora el intermediario no solo muestra información, también decide y ejecuta”, apunta Josep Curto. El verdadero riesgo de fondo es, una vez más, limitar la competencia en un sector tan competitivo y sensible como el de la inteligencia artificial. Y eso perjudicaría principalmente al usuario.

El coste del bloqueo podría recaer en el usuario

El profesor de la UOC enumera varios riesgos para el usuario en caso de que el bloqueo se extienda a agentes de IA “no autorizados”. Por un lado, el usuario tendría menos capacidad para elegir incluso a su propio asistente virtual. “Su agente ‘neutral’ solo vería o podría operar donde haya acuerdo, y las recomendaciones estarían sesgadas por los intereses de quien controla la infraestructura”, destaca.

Además, se generaría incertidumbre en el mercado, dado que los agentes dependerían de permisos que podrían retirarse en cualquier momento, lo que perjudicaría también al legado de datos con el que el usuario haya alimentado a su agente.

En paralelo, la incapacidad de estos agentes para hacer bien su trabajo también podría lastrar su propio desarrollo y su mejora. De hecho, algunas de las empresas que han bloqueado el acceso de los agentes a sus ecosistemas ya han reconocido que están dispuestas a llegar a acuerdos económicos para que estos usen sus datos. Pero esto, seguramente, terminará pagándolo el usuario. “Evitar estas graves consecuencias, que no favorecen a estos colectivos sino al oligopolio tecnológico, exige interoperabilidad: estándares abiertos de identidad, autorización y transacción para agentes, y una regulación de la competencia que vigile la discriminación a favor del agente propio de la plataforma, con foco en la igualdad de condiciones. Sin eso, el riesgo es que la promesa de un asistente que trabaja para ti acabe siendo un asistente que trabaja para la plataforma donde vive, y se perdería de nuevo la apertura de la interacción, como ocurrió con las redes sociales cuando cerraron sus APIs”, relata el profesor sobre un fenómeno que, en todo caso, sí requiere mecanismos inmediatos por parte del usuario.

Cómo usar bien los agentes

El esperado goteo de agentes basados en IA ya ha llegado. En las últimas semanas, tanto OpenAI como Meta han presentado sus propuestas, y a ello se suma el inesperado éxito de Instinct, un proyecto independiente que gana terreno integrado en WhatsApp, así como los avances mostrados por Google en su nuevo modelo para Gemini, Argon. Los agentes ya están aquí, pero muchos usuarios ni siquiera son conscientes de las capacidades que tienen, ni saben cómo utilizarlos sin riesgo.

“Los riesgos son los de delegar poder con poco criterio: acceso a cuentas bancarias, correo y datos personales significa que un error, un ataque o una manipulación pueden tener consecuencias reales e irreversibles”, alerta el experto, quien recomienda no acumular privilegios para un mismo agente otorgando permisos mínimos y acotados, así como exigir al agente confirmación humana para realizar acciones irreversibles o especialmente sensibles, como enviar un correo electrónico o comprar un producto.

En paralelo, los usuarios deberían exigir a su agente un registro detallado de todas las acciones que realice y de las razones por las que las realiza, y se recomienda que separen lo que el agente lee de las instrucciones que debe obedecer para reducir el riesgo de manipulación externa. “Para quien quiera empezar, mi recomendación es progresiva: empezar con tareas de bajo riesgo y solo lectura, no dar acceso a cuentas bancarias al principio, usar cuentas o tarjetas con límite, activar la verificación en dos pasos, revisar periódicamente qué permisos se han concedido y no delegar nunca decisiones que no estarías dispuesto a revisar después“, enumera el profesor. “Es decir, aplicar el sentido común y el pensamiento crítico, y recordar si le daríamos la llave de nuestra casa a un extraño sin garantía alguna”, zanja.

La inteligencia artificial puede abrir muchas puertas al usuario, pero conviene decidir cuáles abrir. Y todo apunta a que eso no dependerá exclusivamente del propio usuario.