“Ya está aquí, falta saber hasta dónde llegará”

Para Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, la información disponible obliga a una prevención proporcional al riesgo

Los pronósticos coinciden en que será un evento muy fuerte durante el otoño y el invierno de 2026-2027. Que llegue a ser histórico sigue siendo una posibilidad, no una certeza. Ese margen de incertidumbre no elimina la necesidad de prepararse.

El Niño ya está establecido y continúa intensificándose. La pregunta dejó de ser si ocurrirá. Ahora importa estimar hasta dónde llegará, cuánto durará y, sobre todo, cómo se expresarán sus efectos en cada región. Para Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, la información disponible obliga a una preparación proporcional al riesgo. La implementación de la mayoría de medidas requiere de tiempo y pueden ajustarse conforme evolucione el pronóstico.

El investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM expuso que, recientemente, el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) estimó en más del 90 % la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026- 2027. Además, añadió, para el trimestre octubre-diciembre estima una probabilidad del 69 % de que el promedio de tres meses del índice relativo alcance al menos 2.5 °C. “De ser así, se superaría la intensidad de los episodios registrados desde 1950, fecha en la que iniciaron las mediciones”.

La Organización Meteorológica Mundial informó el pasado 3 de septiembre que el fenómeno está firmemente establecido, que evolucionará a la categoría de muy fuerte en los próximos meses, y que seguramente persistirá hasta febrero de 2027. Mencionó que esto significa que hay un consenso entre la comunidad científica sobre la ocurrencia de un evento muy fuerte, si bien todavía hay incertidumbre acerca de la magnitud exacta del pico y, más aún, sobre sus efectos regionales. “De ahí el uso de la expresión super-El Niño, que resulta una forma breve de comunicar la posibilidad de un episodio excepcional, aunque no sea un término técnico”.

El científico comentó que el tablero de pronósticos de ENSO / El Niño-Oscilación del Sur (https://dashboard.theclimatebrink.com/#enso) actualizado al 1 de septiembre reúne 674 realizaciones de 14 modelos físicos independientes, procedentes de cinco sistemas operativos internacionales. Describió que de acuerdo con el índice tradicional de temperatura superficial del mar de la región El Niño 3.4, la mediana del ensamble alcanzará una anomalía mensual cercana a 3.9 ºC en noviembre de 2026, con valores probables entre 3.6 ºC y 4.2 ºC. “Ésta es una señal extraordinaria que debe evaluarse con cuidado, pero que también nos da una idea clara de lo extraordinario que puede ser el evento: los valores más altos quedan fuera de la experiencia histórica con la que se han evaluado los modelos”.

La necesidad de prepararnos, dijo, “no es incierta. No hay que apostar a la buena suerte, se debe trabajar en generar condiciones para que nos vaya lo mejor posible”.

Importancia de la primavera

El especialista agregó que la llegada de la primavera será importante, ya que en esa época del año suele disminuir la capacidad de los modelos para anticipar la evolución de ENSO con varios meses de adelanto. Precisó que dicha etapa ya quedó atrás en el ciclo actual: “El Niño está establecido y el océano y la atmósfera muestran una señal acoplada. Hoy hay mayor confianza en que será muy fuerte, sin que se sepa con precisión la magnitud de su máximo”.

“El informe Limiting Overshoot, publicado el 2 de septiembre por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, señala que, con las políticas actuales y las trayectorias de corto plazo, sobrepasar 1.5 ºC se considera ya inevitable”, acotó.

Dicho documento, aclaró, no se propone abandonar ese referente. Plantea una trayectoria de “sobrepaso, máximo y descenso”, que consiste en contener el pico, acortar el tiempo por encima de 1.5 ºC y tratar de volver por debajo de ese nivel lo antes posible.

Estrada Porrúa apuntó que el diagnóstico coincide con una advertencia presentada meses antes por especialistas del PINCC y del ICAyCC. En una conferencia de prensa de febrero en la que el registro de 2025 se mostró como evidencia que el umbral de 1.5 ºC ya había sido rebasado.

“El argumento no descansaba únicamente en la anomalía de un año, sino también en la estimación del calentamiento atribuible a la influencia humana y en el cambio reciente de su tasa. Si esa aceleración se mantuviera, los 2 ºC podrían alcanzarse alrededor de 2040. Es una proyección condicionada a la continuidad de la tendencia, no una fecha inevitable”.

Para finalizar, declaró que los pronósticos seguirán actualizándose y los impactos no serán iguales en todo el territorio. Aun así, la coincidencia entre los sistemas de predicción, la intensidad ya observada y la magnitud de los daños posibles justifican una vigilancia estrecha y una preparación inmediata. La incertidumbre que queda es una razón para revisar las decisiones con frecuencia, no para esperar a que ya no haya margen de acción.

Fuente: www.gaceta.unam.mx