No son empre­sa­rios, ¡son pillos!

En los últi­mos días, a raíz de la deten­ción del tes­ta­fe­rro de Nico­lás Maduro, Alex Saab, y del ecua­to­riano Xavier Jor­dán, cir­cu­la­ron unos vie­jos tuits del expre­si­dente Correa con los que defen­día a estos dos per­so­na­jes que tenían fuer­tes nexos con su cír­culo cer­cano.

En rela­ción a Alex Saab, cuando el gobierno de Joseph Biden le dio una absurda liber­tad a cam­bio de que se libe­ren pre­sos polí­ti­cos nor­tea­me­ri­ca­nos, Correa escri­bió: “Para refres­car la memo­ria, Saab es el empre­sa­rio que Fer­nando Villa­vi­cen­cio dijo que tenía una red de corrup­ción con­migo y Pie­dad Cór­doba e incluso hizo todo un informe de la Comi­sión de Fis­ca­li­za­ción que en ese enton­ces pre­si­día”.

En cuanto a Jor­dán, Correa dijo: “Le qui­tan la visa a Ronny (Aleaga) por fotos con Jor­dán, empre­sa­rio que vive en Esta­dos Uni­dos”.

Hoy que ambos están siendo pro­ce­sa­dos por dis­tin­tas cau­sas, llama la aten­ción la con­cep­ción de lo que son los “empre­sa­rios” para per­so­nas como Correa, que con­si­dera que el dinero fruto de la corrup­ción o la viveza, con­vierte a estos sin­ver­güen­zas en refe­ren­tes de éxito.

Joseph Schum­pe­ter defi­nió al empre­sa­rio como aquel ciu­da­dano que rompe el equi­li­brio. Alguien que com­bina fac­to­res de pro­duc­ción de una manera nueva, asume el riesgo de esa nove­dad y, si acierta, crea valor donde antes no exis­tía.

Ese es el empre­sa­rio que fundó una fábrica, arriesgó su patri­mo­nio en una idea y generó empleo genuino. Por eso, ese sus­tan­tivo ‘empre­sa­rio’ lleva implí­cita la épica del que apuesta y puede per­derlo todo por cons­truir algo que lleva la hue­lla de su crea­ción.

Javier Gomá ha escrito que toda socie­dad se orga­niza, lo sepa o no, alre­de­dor de sus ejem­plos. No gobier­nan solo las leyes ni las ins­ti­tu­cio­nes. Gobierna, con más fuerza silen­ciosa, la pre­gunta que cada ciu­da­dano se hace sin saberlo :¿a quién me

Inco­moda, por tanto, ver cómo el len­guaje perio­dís­tico y hasta judi­cial insiste en lla­mar “empre­sa­rios” a per­so­na­jes nefas­tos como Alex Saab o a Xavier Jor­dán.

quiero pare­cer? La ejem­pla­ri­dad pública no es un adorno moral, es una infraes­truc­tura social que define qué con­duc­tas se imi­tan y cuá­les se san­cio­nan con el des­pre­cio colec­tivo.

Cuando el ‘empre­sa­rio del año’ resulta ser un pillo o un finan­cista de un mag­ni­ci­dio, falla el ejem­plo para la socie­dad. Pro­yec­ta­mos a una gene­ra­ción entera que el atajo es una estra­te­gia de éxito, y que la riqueza mal­ha­bida se dis­fraza con el mismo voca­bu­la­rio que la riqueza honesta.

Inco­moda, por tanto, ver cómo el len­guaje perio­dís­tico y hasta judi­cial insiste en lla­mar “empre­sa­rios” a per­so­na­jes nefas­tos como Alex Saab o a Xavier Jor­dán. Ambos usa­ron los apa­ra­tos del Estado (con­tra­tos, tes­ta­fe­rros, jue­ces com­pra­dos) para otros fines. Lla­mar­los “empre­sa­rios”, hace que el idioma, sin darse cuenta, los blan­quee.

Ecua­dor nece­sita empre­sa­rios de ver­dad: los que arries­gan, los que inno­van, los que gene­ran tra­bajo digno en medio de la inse­gu­ri­dad y la incer­ti­dum­bre tri­bu­ta­ria. Los que no ven al Estado como un atajo de éxito. Por eso, cada vez que un corrupto se cubre con la pala­bra ‘empre­sa­rio’, el honesto carga con una sos­pe­cha que no le corres­ponde.

El ver­da­dero empre­sa­rio no es el que gana dinero. Es el que puede expli­car, sin ver­güenza, cómo lo ganó. (JUAN CARLOS HOLGUIN – DIARIO EXPRESO)